lunes, 15 de septiembre de 2014

Cómo recuperar maletas robadas en Polonia

Esta es la historia y reflexión de lo que nos pasó a mi hermano y a mí este verano en Wrocław recién bajados del avión.


Aeropuerto en Wrocław
Toda historia tiene un comienzo, en este caso agradable y lleno de ilusiones y nervios. Mi hermano y yo viajábamos a Polonia con la intención de quedarnos durante todo el mes de agosto para realizar cursos de diversa índole. En realidad, el destino nos puso juntos en este viaje, ya que en un principio no planeábamos pasar juntos el verano, y mucho menos en Wrocław.

El vuelo transcurrió con normalidad: en un vuelo de domingo llevo de españoles y polacos no puedes esperar otra cosa que polacos desesperados por encontrar un lugar para su maleta de mano y españoles perdidos intentando comunicarse en spanglish para solucionar problemas. Vamos, algo muy ameno.

Aterrizamos. Salimos del avión: hace sol y bastante calor. Recogemos las maletas. Todo bien.
Salimos de la moderna terminal y encontramos un taxi. El hombre muy simpático, con el que entablé una agradable conversación durante el camino. Ya estaba en Polonia, me encontraba contenta. Ahora sólo faltaba encontrar mi piso y conocer a la persona con la que iba a vivir durante todo un mes.

De repente, el sol desaparece y comienzan a juntarse unas nubes muy negras sobre la ciudad. Comienza a llover a lo loco. Encontramos la calle, el portal. El taxista decide esperar hasta que amaine un poco la lluvia, pero yo decido bajar, sin importarme que pueda empaparme: quería llegar a casa.

Mi compañera de piso nos esperaba abajo con un paraguas dispuesta a ayudarnos con las maletas. Nuestro apartamento se encontraba en el quinto piso; no, no había ascensor. Decidimos dejar las maletas de mi hermano en el rellano porque la compañera de piso aseguraba que era seguro. Entre mi hermano y yo subimos las maletas al quinto piso y decidimos esperar un poco hasta que la lluvia dejara de ser tan fuerte, para irnos a la residencia de estudiantes donde se alojaría él.

Tras un rato le digo a mi hermano que baje a comprobar que las maletas siguen allí. Baja. Sube. Todo en orden. Antes de salir comprobamos los tranvías y autobuses que nos llevarían hasta la residencia. Nos despedimos de la compañera de piso y bajamos.

No hay ninguna maleta en el rellano. "¿Es una broma?" le pregunto a mi hermano. "¿Dónde las has metido?". Por la reacción de mi hermano entiendo que no existe broma alguna. Sale disparado del edificio, sin saber muy bien adónde ir. Yo empiezo a llamar a la puerta de dos vecinos que viven en el rellano. No saben nada. No han visto nada.

Enfrente de la puerta principal, junto a las escaleras, había una puerta que llevaba a un patio trasero donde todos los vecinos de esa manzana podían aparcar sus coches y tirar la basura en los contenedores. Esa puerta se encontraba abierta. Salí corriendo y pregunté a personas a las que nunca me habría acercado antes: borrachos y gente de mal vivir. Nadie había visto nada.

La desesperación hizo que dejara de preguntar y buscara a mi hermano, que se había ido corriendo a rodear la calle - el ladrón tendría que estar en algún sitio, porque las maletas eran pesadas.

Komisariat Policji Wrocław-Ołbin
Encontré a mi hermano y juntos comenzamos a correr por unas calles desconocidas de un barrio, que resultó ser uno de los más conflictivos de la ciudad, según taxistas y policías. Preguntamos a un señor desaliñado, tampoco vio nada, pero nos dijo que más adelante había una estación de policía.

Sin pensarlo dos veces, fuimos a informar a la policía. Entramos, y con mi polaco tembloroso empecé a contar la historia. El agente me miraba con cara de "niña, ¿cómo c**** quieres que te ayudemos?". Empezaron a preguntarme por el valor de lo que llevaban las maletas y de si había algún portátil dentro. Luego me empezaron a preguntar por qué habíamos dejado las maletas en el rellano, que este barrio es peligroso, que a saber dónde estarían ahora, que nos olvidáramos.

Finalmente llamaron al inspector de guardia. Un hombre joven, no muy alto, rapado y regordete. "Ahora empieza la aventura" pensé. "A perder el tiempo mientras los ladrones corren por las calles de Wrocław". Nos llevó a su oficina y empezó con las preguntas. Tomó algunas notas y nos dijo que lo único que podían hacer era dar parte del ordenador robado porque tenía un número de serie que se podía meter en una base de datos. Por lo demás no podían hacer nada legalmente.

Lombard
También nos informó de todos los lombard (tiendas de segunda mano dedicadas a aparatos y herramientas en general) de la zona, apuntando en un papel las calles. El plan era ir al día siguiente (lunes) e interesarse por ordenadores en general y una vez que lo encontráramos, informaríamos a la policía.
A parte de eso, teníamos que volver al piso y preguntar a todos los vecinos. Pues eso hicimos. Volvimos al piso y comencé a llamar puerta por puerta y a contar mi historia mil veces, hasta que llegué a una abuelita. Le empecé a contar y me paró en seguida. "Es el drogadicto de arriba, acaba de venir pidiéndome dinero para sus drogas y me ha preguntado si las maletas eran mías, como yo no sabía de qué iba le he dicho que no sabía nada. Estoy segura de que ha sido él". En ese momento dos cosas pasaron por mi cabeza: 1. ¿Drogadicto? y 2. ¿Vamos a su casa a preguntarle?

Decidido: vamos a preguntarle. Por suerte la mujer decidió acompañarnos. Tocamos varias veces, pero no abrió nadie. La mujer llamó al vecino y un hombre salió, como lo hicieron otros vecinos, en calzoncillos y camiseta blanca (?!?!). Le contó la historia, pero el hombre decía que no había visto ni oído nada. En eso baja mi compañera de piso y otra vez a contar la historia.

Acompañamos a la mujer a su casa y tras perder mucho el tiempo hablando con ella, llega el supuesto vecino drogadicto y le "informamos" de la historia de las maletas, por si "sabía" algo. Obviamente no sabía nada.

¿Qué hacer entonces?
A pesar de los nervios y de no poder creer lo que estaba pasando, decidimos volver a la policía e informar de lo que dijo la mujer mayor: había una pista. Además, habíamos conseguido el código de referencia del ordenador.

Volvimos a hablar con el inspector, nos escuchó atentamente y decidió que nos acompañarían al piso y le preguntarían al sospechoso. Mientras esperábamos a la patrulla que se encontraba en otro sitio del barrio, pensamos que tendríamos que ir de compras: mi hermano no tenía ni calcetines para comenzar la semana y su curso.

Recién llegados al piso
La patrulla había llegado, así que era el momento de volver al piso. Nos subimos en un coche "normal" con un policía uniformado y el inspector de paisano. Subieron al tercer piso, tocaron el timbre pero "no había nadie en casa". Hablaron con el vecino de los calzoncillos y así corrió la voz en el bloque.
Nosotros tuvimos que volver a la comisaría a escribir la denuncia y a que tomaran mis datos de una manera más formal. A pesar de que el inspector apreció mi buen nivel de polaco, decidió escribir él la denuncia. De todas formas el proceso llevó cierto tiempo, eran las 19.00 y nos dimos cuenta de que todavía no habíamos comido desde la hora del almuerzo. Todavía teníamos que ir a comprar cosas básicas para mi hermano y cambiar algo de dinero.

Al acabar, nos dirigimos hacia un centro comercial que recordaba de mi última visita a la ciudad. A medio camino comenzó a llover y unos minutos más tarde recibo una llamada: mi compañera de piso me dice que el "drogadicto" había ido a visitarnos a casa y le dio un papel que decía "$50" acompañado de gestos que parecían describir maletas. ¡Nos estaba pidiendo un rescate!

Allí estábamos nosotros, a medio camino del centro comercial, bajo la lluvia, tratando de hacer lo correcto. ¿Nos estaría timando? ¿y si le dábamos dinero y no nos devolvía las maletas? ¿deberíamos ir antes a comprar algo por si acaso? ¿deberíamos ir antes a la policía?...

Decisión: ir a cambiar dinero y volver a casa y aceptar el rescate.

Al llegar a casa, mi compañera me explicó de nuevo qué pasó y en unos minutos el tío estaba allí intentándonos vender la historia de que conocía a los "hombres malos" que tenían las maletas. Que necesitaban dinero. Por supuesto no le di 50€, le di algo menos con la condición de que cuando nos devolviera las maletas le daríamos algo más. Cuando ció los euros se le iluminó la cara así que aceptó muy feliz y nos dijo que esperáramos en casa, que vendría en 15 minutos.

Yo no me quería quedar en casa, así que salí y me asomé a la ventana que daba al patio interior - lo vi irse por una puerta. Bajé hasta su piso para evitar que se metiera en su casa y pasara de nosotros. Ya era tarde y no podíamos ir a comprar nada: tenía que devolvernos las maletas.

Las luces de la escalera se encendieron, nosotros esperábamos sentados en los escalones. El vecino nos vio y nos dijo que tenía que volver a irse. Se metió en su casa, se cambió de ropa y nos dijo que volvería en 10 minutos, que nos fuéramos a casa y que no llamáramos a la policía.

Ya estábamos muy cansados, hambrientos, tristes y al día siguiente teníamos que empezar nuestros cursos. Todavía no habíamos ido a la residencia... y parecía que no íbamos a conseguir nada.
Finalmente decidimos meternos en casa para que pudiera sacar las maletas de su casa tranquilo. A los 10 minutos teníamos las maletas allí: la grande estaba rota, la ropa revuelta. No lo podíamos creer, el ordenador también estaba (entonces para qué c**** robó nada). La verdad es que faltaban algunas cosas (perfumes y una sudadero de buena calidad).

A continuación nos dirigimos a la residencia para informar de que mi hermano había llegado, pero volvió a mi casa para pasar la noche: a las 23.00 nos comíamos la comida-merienda-cena.

La aventura continúa con la compra de una nueva maleta y con el cambio de piso - no queríamos vivir ni en ese piso ni en ese barrio.

Moraleja: no dejéis las maletas solas :) / Sé valiente / Aprende idiomas, nunca sabes cuándo te harán falta.

Agradecimientos:
Gracias al simpático inspector de policía por sus consejos y por su ayuda: intentó solventar el problema.
Gracias a mi hermano, por ser valiente y guardar la compostura.
Gracias a la vecina, que también fue de gran ayuda.
Gracias a mi compañera de piso, por ser valiente al abrirle la puerta de casa al ladrón.
Gracias a mi familia y a mi chico por ser pacientes y ayudarnos en todo lo que necesitamos.




7 comentarios:

Robercik dijo...

Me gustan las moralejas!
Que sirven a tod@s!

Un :*

Ilona dijo...

Que triste, de verdad... Yo después de mi última visita en Wrocław estaba a punto de dedicar un post a los taxistas en Polonia. Me da tanta rabia que me timen en mi propio país. Pero bueno, Wrocław sigue siendo maravilloso a pesar de todo. Por cierto, vuestra historia recuerda de lejos la película Séptimo con Ricardo Darín.

Rebecca dijo...

Robercik: Gracias, me alegro de que te gusten.

Ilona: Sí, es una historia triste, pero tienes toda la razón, Wroclaw sigue siendo una ciudad maravillosa.

Un saludo a los dos!

Artur dijo...

Me ha hecho gracia recordar la historia... La cuentas muy bien :)

Recuerdo cuando estábamos sentados en las escaleras, en frente del rellano del drogadicto, serían las 8 y pico de la tarde y comenzábamos a tener serias dudas sobre si nos habría timado o debíamos tener esperanza. Recuerdo que tenía dentro de mí la certeza de que el tipo ese nos devolvería las maletas, aunque tampoco quería hacerme falsas ilusiones. Fueron unos momentos bastante amargos, la verdad.

Justo en la entrada anterior he leído una poesía muy bonita de Czesław Miłosz sobre la esperanza, que me he tomado la libertad de traducir para este comentario:

La Esperanza aparece cuando se sabe
Que la tierra no es sueño, sino algo vivo,
Y que nuestros sentidos no nos engañan.
Que todas las cosas que aquí he conocido
Son como un jardín visto desde la entrada.

[...]

Hay quienes dirán que la vista nos miente
Y que nada es real, tan solo quimeras,
Mas éstos son quien esperanza no tienen.
Piensan que si te giras por un instante
Se esfumará lo que creías de veras,
Cuales manos ladronas que lo secuestren.


Lo siento si chirría un poco jejeje. Menos mal que no perdimos la esperanza y al final todo salió lo mejor que podía haber salido.

En fin, que todo esto es para decirte que muchas gracias por haber estado ahí, por tu entereza y por tu saber estar, sin ti nunca, nunca podría haber recuperado las cosas :).

Rebecca dijo...

Artur: Te ha quedado genial la traducción. Eres un máquina.

Orlando Dámaso dijo...

Por suerte o por desgracia en todas las ciudades del mundo siempre hay barrios mejores y peores, que tiene cierta fauna indeseable. A mi me ocurrió también cierta historia similar en Szczecin este verano. Salía con mis hijos pequeños de ver los refugios antiaéreos de la II Guerra Mundial. Se encuentra junto a la estación de tren. Bueno al salir me percaté que había un chico que nos seguía (el típico enganchado). Imagino que con nuestro moreno, la cámara, la pinta de turista, y dos niños pequeños fui considerado la víctima perfecta. Por suerte y debido a mi profesión, me percaté del peligro y lo que hice fue meterme en la estación de tren y allí me dirigí a la ventanilla de venta de billetes y como todavía me observaba, busqué una pareja de policía y entablé una conversación. Sobre la marcha el tipo se marchó del lugar, y yo terminé cogiendo un taxi para evitar problemas con los niños.De todas formas he de decir que Szczecin es una ciudad preciosa y es la primera vez que tuve un problema desde hace dos años. La moraleja es que evitemos el enfrentamiento siempre que sea posible y nos metamos en lugares con mucha gente para pedir ayuda.

maletaria dijo...

Esto de la perdida de maletas es todo un misterio....me encanto el post.

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